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Blog de Artículos

Dña permisos y Don perfecto: sobre la autoindulgencia

 REFLEXIONES SOBRE LA AUTOINDULGENCIA

 La autoindulgencia es una Señora muy Señora, voluptuosa, sensual. Le encanta brillar y lucirse por todos los lugares de moda vestida de múltiples trajes, mirando al mundo como si le importara poco. Piensa que nada vale la pena si uno tiene que esforzarse dado que la vida es para disfrutarla, utiliza miles de excusas para conseguirlo: no tengo ganas, he de descansar porque mañana trabajo, ahora no me concentro, es muy tarde, estoy baja de ánimo…,  también se puede distraer en múltiples actividades con tal de demorar lo que realmente tiene que  hacer.

Cuando aparece esta Sra., surge una voz aliada: ¿por qué te enredas? ¡no te castigues! ¿vale la pena? ¿por qué no abandonas? ¿por qué siempre te complicas la vida en vez de disfrutarla?¿estas seguro?, ¿Esforzarse, invertir? ¡oh no, suena fatal!… es una  parte de la personalidad  del individuo que incita a la persona al placer. Esta voz le hace dudar continuamente de su deseo o propósito dándose un permiso tras otro, posponiendo y retrasando la tarea. Es lo que en Gestalt llamamos “perro de abajo”, no quiere leyes, normas o restricciones que le corten el rollo, prefiere estar solo en el goce.

Sin embargo, entre susurros se escucha “tendrías…, deberías….” entonces, ¿por qué si es tan placentera la Señora, la persona está aún intranquila y ansiosa?, ¿qué hay detrás de esa figura, qué hay en el fondo de ella?. Está muy escondido pero lo veo, es una especie de gran perro con unas fauces feroces. No le identifico bien porque su cara se va transformando en diferentes personajes: de juez, de tirano, de jefe, de mi padre…Es el segundo  personaje de nuestro cuento, el Sr. Don Debería, y que en Gestalt denominamos perro de arriba, quien acusa, regaña y promete recompensas que nunca llegan, porque nunca se siente satisfecho.

En esta historia se encarga de poner metas muy altas, imposibles de alcanzar, que llevan a la exigencia de que todo ha de ser perfecto, que deslumbre. Así claro, ¿quién no se desanima y no siente desaliento?. Ahí es cuando nuestra Sra. interviene reaccionando ante tal nivel de demanda. 

En la realidad, este enfrentamiento interno tiene un precio: precisamente aquello que uno quería hacer muy bien, con mucho éxito y logro, no lo consigue. ¿No será que cuanto más deseo hay también hay más miedo a fracasar?. Uno se va sintiendo incapaz, impotente, cada vez parece más difícil, más imposible, más inalcanzable. Poco a poco se va hundiendo: eres un desastre, para eso no sirves, no eres capaz,  no te esfuerzas…Cada individuo utiliza diferentes términos, dependiendo de los mensajes que haya escuchado y tragado en su infancia, principalmente de los padres, utilizados ahora por Don Debería para castigar echando más leña al fuego de la propia autoestima. Y así llega la evitación y el bloqueo de la persona: no quiero, no puedo, no puedo , no quiero…,  se repite la tonadilla una y otra vez.

Uno se va creyendo que es autoindulgente y que no tiene voluntad en ningún aspecto de su vida. Pero, lo que en realidad ocurre en esta situación, es la reacción defensiva y evitativa de la angustia producida por un exagerado nivel de exigencia. ¿Cuántas personas habrán dejado estudios, proyectos o ilusiones no porque realmente no pudieran, sino porque la autoexigencia o el perfeccionismo les ha jugado una mala pasada al aferrarse a un ideal imaginario imposible de alcanzar?. De hecho, en este conflicto, de forma más o menos consciente se sufre por no poder alcanzar el ideal, al haberse creado una autoimagen desajustada con la realidad. Muchas veces, por necesidad de equilibrio interno, cuanto más autoexigente es una persona, más autoindulgente es en otros aspectos de su vida, dado que NIambos aspectos suelen aparecer  en la misma proporción.

Pero escuchen la gran trampa, el diccionario define la indulgencia como: blando de condición, que permite y disimula demasiado pero, también como facilidad para perdonar, disculpar los errores y las faltas. Si la autoindulgencia también es disculpar y perdonar, en la situación que se está describiendo, demasiada es mala, ya que la persona se queda en la comodidad , en el no esfuerzo y no se arriesga en conseguir su deseo. Pero una cierta dosis, si es realmente buena y necesaria , porque permite que las partes opuestas/ separadas de la persona se escuchen y suelten la necesidad de control, paso necesario para una posible integración y unificación posterior que aumenta el potencial de la persona.

Qué distinto hubiera sido si, en esta situación con tanto perfeccionismo, en vez de quedarse en el -no puedo- y en el-no hacer-, usando la indulgencia en el sentido de facilidad para perdonar, disculpar los errores y las faltas se hubiera intentado desde el apoyo y el refuerzo, tal y como hacemos con nuestros hijos cuando aprenden. Entonces ¿por qué no hacer lo mismo con nuestro niño dolido? ya que, detrás de ese niño rebelde, hay un niño exigido y castigado. Aunque no se alcance el ideal imaginado, en cambio, se materializa la acción junto a la satisfacción de haberlo intentado. De esta manera, se crea un adulto capaz, que tiene la fuerza para llevar su vida y sus actividades, entregarse a la vida y sabe renunciar a lo que esta más allá de su propio potencial.

Leonor Martorell

2001

Gestalt el camino de la transformación

Gestalt: nuestro proceso personal

Desde el Gestalt, en nuestro proceso de maduración personal desde niños hemos tenido que adaptarnos al entorno familiar, social, cultural,… . Cada uno de nosotros ha utilizado una estrategia adaptativa básica y nuclear. A esto lo denominamos carácter, y es del que derivan muchas afirmaciones y creencias. Este carácter se va generando en la infancia.  A pesar en aquel momento fue útil e incluso vital para nuestra supervivencia, de adultos se puede volver contra nosotros. Y nos provoca malestar y sufrimiento.

Un camino lento y constante

A pesar de que nuestro entorno actual ha cambiado, gran parte de estas afirmaciones y creencias del pasado siguen condicionándonos e influyendo. Limitando nuestra gama de respuestas adaptativas al entorno. Sufrimos por no saber dar la respuesta adecuada a las exigencias de cada situación. No funcionamos con una versión actualizada de nuestro carácter, de nosotros mismos.

En este proceso de actualización y reencuentro con nosotros es donde la terapia gestalt nos puede ayudar enormemente. Básicamente, la gestalt es un viaje hacia uno mismo. Un proceso de reconexión con lo más profundo. Y  desde ahí podremos conectar con nuestras necesidades más genuinas y dirigirnos a satisfacerlas.

Los tres pilares de la Gestalt

En este sentido en enfoque gestáltico, se centra en tres pilares fundamentales, el aquí ahora, la conciencia y la responsabilidad: lo que nos sucede en el momento presente, darnos cuenta de todas nuestras percepciones y hacernos cargo de lo que nos sucede. Combinando estos tres aspectos favorecemos el desarrollo de nuestro potencial más humano.

Tanto en su dimensión individual como grupal, y en función de las necesidades de cada persona, la terapia gestalt nos ayuda en la búsqueda del bienestar. Facilita la conciencia de donde estamos y cómo hemos llegado ahí; nos devuelve nuestra capacidad de elegir y nos arraiga en lo importante del momento. La terapia gestalt nos conduce a encontrar soluciones nuevas a problemas antiguos. Conocernos mejor y recobrar la creatividad innata como parte de la maduración personal.

En Drala Gestalt, somos psicólogos y gestaltistas que estamos comprometidos con el acompañamiento de personas en la búsqueda de su felicidad. Nuestra formación implica un proceso de autoconocimiento personal profundo, te dediques o no posteriormente a acompañar a otros. Ser un buen terapeuta gestalt implica ser una buena persona, formamos personas no solo terapeutas. Somos colaboradores directos y seguidores de Claudio Naranjo, que es nuestra fuente de aprendizaje e inspiración desde hace más de 25 años.

Paz, confianza, seguridad, serenidad,… todo está en nosotros, simplemente hay que saber buscarlo, ¡¡¡date una oportunidad de encontrarlo y fórmate como persona y como terapeuta gestalt!!! te lo mereces. Solicita una entrevista gratuita.

Leonor Martorell

Psicóloga, terapeuta psicocorporal y Gestalt

Si crees que precisas ayuda puedes contactar con nosotros y te ayudaremos

La meditación y el proceso terapéutico. Reflexiones

Efectos de la práctica de la meditación sobre el proceso terapéutico

Actualmente hay un auge en el uso de la meditación en muchas de las corrientes terapéuticas en Occidente. Incluso hay nuevas formas de terapia que enfocan el proceso terapéutico específicamente en torno a la meditación. Por ejemplo la “Terapia cognitiva basada en mindfulness” (Mindfulness based cognitive therapy). También en las corrientes terapéuticas más cercanas a los autores como la Gestalt y en la Biogestalt. En estas se pone especial énfasis en la práctica de la meditación. Por ejemplo, el Dr. Antonio Asín llama a la meditación “La terapia por excelencia”.

Y hay innumerables tipos de meditación. De hecho se dice que el Buda enseñó 84,000 métodos diferentes. Básicamente se pueden clasificar en dos tipos. La meditación shamatha (morar en calma) y la meditación vipashyana (visión clara). En los últimos 20 años se ha estado investigando la meditación, especialmente la meditación shamatha, en universidades de todo el mundo, y se ha demostrado el efecto positivo que tiene sobre el cerebro y sobre la percepción de la realidad.

 

Entonces, ¿qué efecto tiene la meditación en el proceso terapéutico?

Para explicar esto podemos empezar por uno de los principios básicos de la meditación, que es el cultivar la atención. El aumentar la capacidad de atención de la persona, reduciendo la tendencia a la distracción, tiene ventajas obvias para el proceso terapéutico. Por ejemplo, el eje central de la terapia es la auto-observación, la observación de lo que me está sucediendo, cómo me siento, que pensamientos surgen en mi mente. También se enfatiza la reflexión, el análisis. En ambos casos, la introspección aumenta de calidad cuando la persona tiene la capacidad de permanecer atento de forma continua, permitiendo un trabajo mucho más revelador que el que se consigue si la persona tiene más tendencia a distraerse de sus procesos internos.

 

La consciencia vigilante

En segundo lugar, otro aspecto de la meditación es lo que se llama “la consciencia vigilante”. Esto hace referencia a una cualidad supervisora de la mente, algo así como una visión panorámica de los procesos y contenidos mentales. La consecuencia de cultivar la consciencia vigilante es que a pesar de que surjan pensamientos o emociones, éstos no nos distraen, sino que podemos seguir estando presentes ante los pensamientos y emociones que surgen. Esto también tiene una importancia vital para el proceso terapéutico porque la persona logra mantener una visión panorámica de su mundo externo y su mundo interno simultáneamente. El poder mantener la atención en lo externo y lo interno a la vez permite una comprensión de la relación causa y efecto entre estímulo externo y la reacción interna, ¿Cómo estoy respondiendo yo ante el mundo que percibo? Esto es un elemento crucial del proceso terapéutico.

 

Espaciosidad, o el espacio mental

Y en tercer lugar, otra cualidad que se cultiva en la meditación es la espaciosidad, o el espacio mental. Esta cualidad quizás es la más difícil de explicar. A grandes rasgos está relacionada con una actitud mental en la que uno no se aferra a los pensamientos y emociones que surgen durante la práctica, se cultiva la actitud de no-juicio, se le da permiso a que los pensamientos surjan y se disuelvan, sin nosotros aferrarnos a ellos y por lo tanto tampoco nos aferramos a las historias que puedan traer consigo. El resultado de esto es que nos volvemos menos reactivos ante los contenidos mentales, hay menos mecanicidad, logramos poder observar sin dejarnos llevar, o distraer y de esta forma podemos profundizar más. Además, en la vida cotidiana esto nos permite tener más tiempo para decidir cómo actuar. Esta reducción de la automaticidad de reacción ante los contenidos mentales es importantísimo a la hora de aprender a lidiar con nuestros pensamientos y emociones.

 

Conclusiones

Esto ha sido una pequeña introducción a los efectos de la meditación sobre el proceso terapéutico. También es importante recordar que la meditación, si bien puede ser un apoyo, no es un sustituto para la persona que está en proceso terapéutico. Lo que sí podemos afirmar
es que la meditación es un camino corto para llegar a uno mismo, a un estado de bienestar, alegría y serenidad, aunque claro está que no siempre es fácil, requiere de paciencia y de perseverancia. En cualquier caso, tal como dice el maestro Sogyal Rimpoché: “El regalo de
aprender a meditar es el mayor regalo que te puedas dar en esta vida.”

Remedios García Lorente – Psicóloga General Sanitaria y Terapeuta Gestalt
Miguel Oramas Thurstun – Terapeuta Biogestalt, Instructor de Meditación, Biólogo y Sociólogo

migueloramas.wordpress.com

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El Amor. Reflexiones sobre los tipos de amor

El buen amor

He aprendido mucho de Claudio Naranjo acerca del Amor en sus enseñanzas. Una de sus propuestas consiste en observar la fórmula interna que cada uno de nosotros posee sobre el amor. Esa fórmula está compuesta por tres tipos de amor, y, de su balance y calidad depende el buen amor interno. Veamos con detalle los tres tipos de amor.

Hay uno que tiene que ver con la idea de la madre, un amor que tiene que ver con la idea del padre y uno que tiene que ver con la idea del hijo.  En primer lugar podemos hablar del compasivo, el de madre. Y éste tiene que ver con la generosidad y la empatía. Sería el amor vinculado a la amistad.

Por otro lado, también podemos hablar del admirativo, que es el del padre, que se da cuando admiramos a alguien. Es una referencia al amor a lo ideal. Valoramos y reconocemos al otro.  Poder ver que hay algo mas grande que nosotros.

Por último, el erótico, que corresponde a la figura del hijo, representa el disfrute, el placer. Este sería el vinculado a la sexualidad.

Entre estos tres tipos de amores, todos tenemos una determinada fórmula dentro de nosotros. La salud y la plenitud de la vida amorosa se dan en relación con el equilibrio entre nuestros tres amores.

Algunos tienen mucho erótico, y poca compasión. Otros tienen mucho amor a lo divino o devocional  y poco amor erótico. Puede ser también, que cuando alguno de nuestros amores falta o no está desarrollado, lo tratamos de compensar a través de búsquedas  imposibles.

Entonces,  el buen amor consiste en unos buenos ingredientes y en una fórmula equilibrada. Y claro está, todas las fórmulas del amor están relacionadas íntimamente con el carácter. Por lo que el conocimiento y composición de nuestro propio amor puede ser de gran potencial conocimiento de nuestra personalidad.

Observando cómo estamos nivelados podemos desarrollar la expresión de nuestro potencial amoroso y buscar una manera de distinta de “amarnos” y amar al otro de una manera más sana. Distintas experiencias, influencias y tareas se pueden realizar para equilibrarnos. Si estás interesado en conocerlas, puedes contactar con nosotros y te acompañaremos en el proceso. Entretanto te dejamos un ejercicio como inicio del proceso:

Observa cómo se dan esos amores dentro de ti. ¿Cuánto de ello crees que puede tener que ver con tu carácter? ¿Cómo crees que puedes trabajar en el desarrollo del que crees tener más escaso?

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Drala Gestalt es un Escuela de Formación Gestalt presente en Barcelona e Ibiza y avalada por la AETG desde 2006.