lenguaje corporal

El Lenguaje Corporal

Estamos en una época  en que se ha priorizado el conocimiento científico,  lo cuantificable, lo que se puede medir. El pensamiento, el nivel mental  frente al nivel corporal y emocional. Se llega a veces a una desconexión entre cuerpo y mente que no sabemos lo que sentimos, o que sensaciones tenemos. Y ahí es dónde tiene que empezarse a prestar atención a nuestro lenguaje corporal.

Sin embargo, el cuerpo tiene su propio lenguaje, nos da una información que no siempre estamos abiertos a escucharla. Cuando somos niños estamos más en contacto con nuestras necesidades y tenemos más consciencia de ellas. Así, tenemos hambre, tenemos sueño, queremos un abrazo,… Pero conforme crecemos, vamos priorizando la mente, aparecen las órdenes o prohibiciones, perdiendo la espontaneidad infantil. ¿Cuántas veces nos decimos “si hiciera caso a mi cuerpo me pasaría el día durmiendo”? Si reiteradamente no le hacemos caso,  finalmente el cuerpo utilizará otra forma de expresarse por sí mismo. Por ejemplo poniéndose enfermo.Eso nos obliga a descansar, a darle lo que pedía y por tanto, a prestarle la atención que requería.

El cuerpo aporta mucha información, como hablamos, como nos movemos, pero también hay una memoria, una historia congelada.

Si movemos determinas partes del cuerpo, sobre todo aquellas que están rígidas o con tensión corporal aparecen recuerdos de sensaciones o sentimientos. Esos recuerdos o sentimientos forman  parte de nuestra historia y que permanecen almacenados en una memoria registrada en nuestros músculos. Esas experiencias que hemos vivido, principalmente de niños, las olvidamos a nivel mental. Pero esos sentimientos y emociones no expresados quedan como material inconsciente. Y nos condicionan nuestra forma de sentir y de actuar en el presente. Hacen que nuestro cuerpo esté rígido, en una determinada postura,o con unos nos movimientos estereotipados que nos anclan a una manera de ser y a un determinado carácter.

Movilizando el cuerpo

Moviendo esas zonas nos vienen recuerdos, sensaciones, emociones, que estaban fijadas, retenidas en el músculo, que al poderlas expresar , sacarlas fuera, nos libera, nos desatasca. Lo rico, es este material que surge a la superficie, sin buscarlo, sin saberlo, que nos sorprende por lo inesperado; si podemos trabajarlo, elaborarlo, comprenderlo, poder vivir asuntos inconclusos para poder darles una salida más sana, o cerrar una gestalt, vuelve a entrar en el cuerpo en su memoria y actuará con la misma o más intensidad que el registro  anterior  y esta vez para potenciar o posibilitar a la persona. Lo que nos hacia realmente daño era el material atascado, era un tapón, un ancla que no dejaba que ocurrieran otras cosas, que entraran cosas nuevas.

Asumiendo la responsabilidad

Nos valemos de un vehículo, la conciencia, conforme más nos demos cuenta y más comprendamos de nosotros mismos más avanzaremos, la conciencia no nos permite más engañarnos, solo es ciego el que no quiere ve. El ser consciente, nos conduce a ser responsable y comprometidos con nosotros y con nuestra vida., ya no nos sirve más quejarnos eternamente de aquello que no nos dieron o nos faltó de nuestros padres, perpetuando al niño, o ir repitiendo una y otra vez los mismos errores en la vida,  sino que como adultos que somos, nos hacemos conscientes de lo que nos faltó, de lo que si o no nos dieron, de lo que necesitamos,  haciéndonos responsables de cómo estamos viviendo nuestra vida en el presente.

Leonor Martorell

Psicóloga , Terapeuta Psicocorporal y Gestalt

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