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CARACTER, INTERRUPCIÓN DEL CICLO AMOROSO

El Carácter, Interrupción del flujo amoroso



Claudio Naranjo explicaba la formación del carácter como una interrupción del flujo amoroso. Así como para el desarrollo físico del cuerpo se necesitan ciertos elementos químicos: calcio, potasio, vitaminas,…, para el desarrollo psicoemocional del niño es imprescindible sentirse querido de manera continuada.

Este amor tiene diversos aspectos: respeto como persona y como ser humano; reconocimiento, como sentirse valorado por lo que se es y no solo por las acciones; sentir que se tiene un lugar en el sistema familiar y en relación con el otro,…

Sin embargo, estos aspectos quedan condicionados a comportamientos y actitudes que se le exigen al niño. Por ejemplo: “si no haces esto, te voy a castigar”, “así no llegarás a nada en la vida (1)”,  “no llores, no es para tanto” (2), “porque lo digo yo… y punto”, “no seas malo”, “deja, que ya lo hago yo”,….

Así, el amor es condicionado, variable y dependiente de conductas, en lugar de ser un valor constante inherente al niño por ser persona.

Ante esa sensación de carencia de respeto, reconocimiento, valoración,… el niño desarrolla estrategias para volver a conseguir esos ingredientes vitales y sentirse querido. Son comportamientos adaptativos que al perpetuarse en el tiempo, se acabarán convirtiendo en el carácter, en la neurosis: el niño acabará repitiendo de adulto, de manera inconsciente y repetitiva, esas mismas actuaciones que utilizó para sentirse querido, a pesar de que ni ahora ni entonces, acabó satisfaciendo esa carencia tan nociva que tuvo en la infancia. Por ejemplo, si en la infancia solo me he sentido reconocido y valorado por mis logros (1) y no por mí como persona, de adulto seguiré buscando alcanzar éxito y triunfos. O, si he sido penalizado por la expresión de mis sentimientos (2), tal vez de adulto sea una persona insensible,…

Tras muchos años de actividad profesional como psicoterapeuta, nunca he conocido padres malos, entendiendo esta maldad como una voluntariedad consciente de hacer daño. Lo que sí que he conocido un 99.99% de padres ignorantes. Esa vinculación tóxica entre lo amoroso y ciertos comportamientos  se hace de manera inconsciente, bajo una envolvente amorosa de darles lo mejor. Por ignorancia no somos conscientes del daño colateral que les estamos infringiendo.

Por eso, el mejor regalo para nuestros hijos es realizar nosotros mismos un proceso de autoconocimiento y poder  desvincular el amor de sus comportamientos seguir educando sin interrumpir el flujo amoroso.

 

Si quieres ver el artículo original publicado en la revista Aaarti vida sana de Ibiza, pulsa aquí.

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FORMACIÓN DEL CARÁCTER

FORMACIÓN DEL CARÁCTER. Cómo llegamos  ser cómo somos.

De forma muy simple, podríamos definir el carácter como una serie de respuestas adaptativas, vitales en un momento dado de nuestra vida, que a fuerza de repetirlas se automatizan. Veamos un ejemplo:

Somos como una semilla con el potencial de convertirse en un árbol de unos 15m de altura. Igualmente, nosotros tenemos el potencial de ser “felices”, de encontrar un equilibrio adecuado con el entorno. Sin embargo, alcanzar ese potencial dependerá de varios factores.

Para esa semilla, no es lo mismo una tierra fértil que un pedregal, ni la cantidad de luz o humedad que tenga el lugar. Nosotros también dependemos de nuestro entorno: la familia, número de hermanos, lugar de nacimiento,… Sobre ese contexto no podemos influir sino que tenemos que adaptarnos.

Nuestro árbol nace hacia arriba para alcanzar su máximo potencial. Si cerca hay un árbol que le hace sombra, nuestro arbolito se inclinará en busca de luz. ¡Atención! ese movimiento vital e imprescindible para sobrevivir le aleja, temporalmente, de desarrollar su potencial, pero si no lo hace se muere. Más tarde, aunque el árbol grande que le hace sombra desaparezca, ese movimiento queda cronificado en un tronco que se mantendrá toda la vida. Ese tronco rígido sería el carácter.

De niños optamos por respuestas que, inicialmente, van en contra de nosotros mismos pero que son fundamentales para sobrevivir emocionalmente. Por ejemplo contener la rabia en un ambiente aversivo y violento, de forma que si no la contenemos el entorno nos daña más. Puede que de adultos tengamos dificultades en conectar con la rabia y, por tanto, nos cueste poner límites o decir NO a situaciones que nos resulten dolorosas. Nos contamos que somos miedosos, sumisos y no sabemos defendernos.

O sea, una respuesta que fue útil en un momento de nuestras vidas por unas condiciones del entorno, queda cronificado y automatizado aunque ese entorno cambie. Igual que aquel tronco, perdemos libertad de actuar de manera diferente a la aprendida. Esa pérdida de libertad repitiendo respuestas, útiles en un momento dado pero no es estos momentos, es a lo que llamamos el ego, el carácter, el rasgo….

El proceso de autoconocimiento a través de la Terapia individual o de la formación Gestalt, permite ser consciente de esos patrones crónicos de comportamiento para poder gestionarlos de manera diferente y flexible.

Todo un proceso de maduración y crecimiento personal.

 

Enrique Villatoro

Psicoterapeuta/docente Gestalt Equipo Drala

Miembro Supervisor AETG – Facilitador SAT Claudio Naranjo

Artículo publicado en el número de Diciembre de la revista Aarti Vida Sana

más info en www.dralagestalt.com

 

 

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